Albano Cruz
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25 jun 2016
//.palabras: 230 - menos de 1 min
//.tags: - filosofía - ética - moral - sociedad - apuntes - decisión - fascismo

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Sin fórmulas

Creer que hay un sistema político que fuerce a ser honesto, una fórmula/procedimiento que lo logre, es ser solucionista, pro-máquina. También es alucinarlo muy fuerte. “Corregir” la mentira de un “líder” está fuera de todo sistema. Le corresponde a la cultura, a la moral, y sobre todo, a nosotros de forma activa castigar/represaliar/corregir… sea cual sea el nombre que le demos. Pero no hay una receta mágica. No.

Así que cuando se pretende comparar la democracia con “X” en virtud a la capacidad de mentira y manipulación de sus figuras públicas en realidad se está haciendo un alegato a favor de una pureza moral indiscutida en una fantasía a la que se otorga la certeza de la rectitud. Y, ¡ay!, cómo que no. Ser demócrata, ser consecuente, estar aquí, en este mundo y no en fantasilandia, pasa precisamente por saber que no hay fórmula, que no hay palabra mágica. Sólo mucho trabajo, constante y reiterativo. Estar siempre encima.

Por eso además, si desde “lo económico” nos agotan los tiempos potenciales que podemos dedicar (extenuación por emprenduedoría, esclavismo camuflado, etc, etc.) a mantener un ojo sobre el “líder”, pues ya tenemos el cóctel mentiroso que nos tragamos: que éste sistema permite y fomenta lo corrupto y que el que nos propone el rubio teñido de turno está más cerca de la perfección.

Dad la bienvenida al fascismo entonces.

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